No vendemos motos, vendemos la sensación que puede experimentar cualquier persona al ser admirada por los demás sólo por el hecho de conducir una Harley». Este mensaje ideado por Richard Teerling, máximo ejecutivo de Harley Davidson desde 1988 hasta 1997, orientó la filosofía de la firma hacia la consecución de la excelencia en relación al valor de la marca. El objetivo propuesto a tal efecto, crear un vínculo afectivo y emocional con los clientes, se consiguió con creces. Esta compañía, con sede en Milwaukee, estuvo al borde de la desaparición a mediados de la década de los 80, la invasión de las marcas japonesas en el mercado americano redujo ostensiblemente su cuota de mercado. No obstante, el marketing emocional, junto a otros factores, relanzaron a Harley Davidson convirtiéndola en un icono mundial y en una manera de vivir. Tom Peters , por mediación de su libro El círculo de la innovación (1997) recomendaba a las empresas concentrarse en las experiencias, las emociones y los val...
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